Dentro de los excelentes artículos aparecen unas muy misteriosas cartas, de un tal Epaminondas Talero. Mi padre se suliveró al verlas, y de inmediato me introdujo al mundo de este comentarista, ácido, acertivo y sincero.
Comparto con todos mis lectores una de sus cartas que encontré surfeando en la web, y sabrás a qué me refiero.
¿Cuándo esta generación hará algo así?
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Un Complejo bien complejo que me dejó perplejo. ¿Psicología pastoral? Vamos…!
PENSAMIENTO CRISTIANO, Marzo 66, No. 49, Pgs. 58-59
Mi Querido Director:
Si yo tuviera un complejo por cada paliza que me dió mi viejo cuando era chico, ahora sería tan famoso como Kafka, sin duda ninguna. Pero hay tipos que nacen sin suerte y yo soy uno de ellos. Las palizas que recibí todas por la cabeza, lo único que hicieron fue expurgarme el cerebro de malas ideas, y refinarmelo, como antes se refinaba el oro a palos, en los felices tiempos de la edad de los metales. Por eso es que ahora vivo sin complejos, y eso me ayuda a ver la realidad que está detrás de las apariencias, como quien ve debajo del alquitrán.El otro día me llamaron de la iglesia y me dieron un encargo, ya que soy tenido por individuo psicologo. Tenía que visitar cierta hermana que hace mucho no viene a los cultos, y de cuya vida privada se cuentan muchas cosas. Hace tiempo esta hermana – me lo dijeron- le había dado por venir al culto de pantalones. ¡Imagínese!…Algunos hermanos decían que estaba tocada, y otros que tenía un “complejo”. Una vez que le dijeron que no debía, como miembro de la Iglesia, venir con esa facha a la iglesia, contestó que en la capilla entraban muchos mosquitos, y que era mejor estar de pantalones en el culto que estar matando dípteros nematoceros a palmadas que distraían al predicador. Los hermanos, impresionados por la erudición entomológica de la hermana, callaron, pero le rogaron que de todos modos venga con faldas, como la Biblia manda.La hermana esta, tiene un negocio de puntillas a medias con un socio, y las habladurías que se corren dicen que las relaciones que mantienen no son del todo comerciales, sino que las hay también de otra clase. De todo eso me mandaron a averiguar un poco, y que tratase de conversar a ver si podía traerla de nuevo a los cultos.Yo salí contento con la oportunidad de ejercitar mis conocimientos de psicología y de practicar las lecciones de mi libro de táctica pastoral. Me costó bastante encontrar la casa de la hermana, porque vive en unos andurriales espantosos, pero al fin di con ella.Salió a recibirme una mujer rubia, de unos 35 años, no mal parecida, vestida de pantalones.Al principio no sabía que decirle, pero después que me ofreció lo que quisiera, te, café, chocolate, ron, coñac, entré más en confianza. Le dije que había venido de parte de la Iglesia porque se decía que ella… etc. etc. “que había que guardar el testimonio”… “que nosotros los creyentes…” y demás frases del ritual.La hermana, que de veras debe sufrir algún complejo, ni pestañó. Me dejó hablar todo lo que quise, y cuando me falto el aliento tomó ella la palabra. ¡Mama mía, que manera de hablar! Iba y venía, subía y bajaba, entraba y salía, repetía lo dicho, avanzaba a trancos, pasaba una y otra vez sobre los mismos períodos, explicaba, exponía, hacía la exégesis, amontonaba tesis, antitesis, hipótesis y síntesis, unas sobre otras, las estiraba, las amasaba, hacía rulos y festones, exhortaba, predicaba, hacía volutas, espirales, arabescos, trenzas, hablaba fuerte, hablaba bajo, hablaba como un susurro, y luego volvía al tono alto, daba saltos, brincos, hacía hipérboles, parábolas, pleonasmos, ángulos, virajes, croquetas, albóndigas, punto cruz, crochet, cócteles, empanadas y que se yo cuantas cosas más, sin dejar de hablar un segundo.Cuando terminó yo estaba embobado, hipnotizado, con el cerebro vacío y la mirada vidriosa, fija en un punto del espacio, con la taza de té, ya frío helado, a mitad de camino entre el plato y mi boca. Ella tuvo que sacudirme para que despertara.Al final yo no sabía si ella tenía un negocio con un socio y además un marido; o si el marido tenía un socio y ella un negocio; o si el socio había puesto un marido y ella un negocio; o si ella había puesto un marido y el negocio se había casado con el socio; o si el negocio había puesto un marido y ella un socio; o si el socio se había casado con un marido y ella con un negocio; o si el marido había puesto un socio y ella se había casado con el negocio; o si ella tenía un marido que era un socio y un negocio con el socio; o si el negocio tenía un marido y ella se había casado con el socio; o si ni ella, ni el marido, ni el socio no ni el negocio existen realmente y todo es ilusión.Le aseguro querido Director que salí de esa casa y anduve varias horas dando vueltas por el barrio sin saber qué colectivo tomar, y teniendo que mirar repetidamente mi cédula de identidad para estar seguro que yo era yo, y no el negocio, el socio o el marido.¡Que me vengan ahora a hablar de psicología pastoral!Hasta la próxima, señor Director, y que se mejore.
Epaminondas Talero


