ES DOMINGO SANTO. Los cristianos recordamos el hecho más extraordinario que jamás se haya registrado en la historia: Jesús el hijo de Dios, el que había muerto en la cruz, ya no está en la tumba donde fue puesto. ¡Ha resucitado!
La historia parece increíble. De hecho, no culpo a quienes no la pueden creer; pero esta historia, si es verdadera, es tan importante, que todas las otras historias del mundo deben entrelazarse con ella. Si, incluyendo mi historia, tu historia. Incluyendo las historias de desesperanza y dolor que vemos en las noticias, que vemos en las redes sociales, que escuchamos de quienes amamos. Todas.
La resurrección de Jesús, no simbólica, no metafórica, no ‘espiritual’, sino en carne y sangre, implica la demostración evidente que la muerte no tiene la última palabra en esta gran historia. Que nada de lo atroz que podamos ver, o vivir, es para siempre. ¡Hay esperanza!
Pero, ¿qué mientras tanto?
Las mujeres fueron temprano esa mañana de domingo, para perfumar el cuerpo de un cadáver, en la tumba (que es donde debía estar). Era su forma de manifestar su cariño y respeto hacia alguien que ya nada más podía hacer por ellas.
La sorpresa fue mayúscula cuando un mensajero, les dice que no están buscando bien. Él Señor no está allí. Él está vivo.
En ocasiones buscamos en el lugar equivocado. Tras el lamento, y el dolor (viernes); en el silencio y la espera (sábado), nuestros afligidos corazones pueden buscar consuelo en el lugar aparentemente correcto, pero que al final es una tumba vacía.
Pascua de resurrección nos recuerda, y nos anima, él no está allí. Hoy en pleno 2021, cada uno de nosotros puede encontrarse con el Cristo resucitado.
Y el día en que lo hacemos, nuestra vida nunca más vuelve a ser la misma.
¡Feliz pascua de resurrección! ¡Que resucite tu alegría! ¡Que vuelva a vivir tu esperanza! ¡Que te llenes de perdón! ¡Que ya no sueñes con la muerte! ¡Que la vida fluya por tus poros! ¡Que la alegría se te haga contagiosa! ¡Que tu miedo se transforme en confianza! ¡Que la celebración sea constante, y dirija tu vida! ¡Que el agua y el pan de vida te sacien tan profundamente, que ya no busques más entre las tumbas vacías!
¡Feliz pascua de resurrección!


