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domingo, abril 20, 2025

DOMINGO SANTO: ÉL NO ESTÁ AQUÍ

 


ES DOMINGO SANTO. Los cristianos recordamos el hecho más extraordinario que jamás se haya registrado en la historia: Jesús el hijo de Dios, el que había muerto en la cruz, ya no está en la tumba donde fue puesto. ¡Ha resucitado!


La historia parece increíble. De hecho, no culpo a quienes no la pueden creer; pero esta historia, si es verdadera, es tan importante, que todas las otras historias del mundo deben entrelazarse con ella. Si, incluyendo mi historia, tu historia. Incluyendo las historias de desesperanza y dolor que vemos en las noticias, que vemos en las redes sociales, que escuchamos de quienes amamos. Todas.

La resurrección de Jesús, no simbólica, no metafórica, no ‘espiritual’, sino en carne y sangre, implica la demostración evidente que la muerte no tiene la última palabra en esta gran historia. Que nada de lo atroz que podamos ver, o vivir, es para siempre. ¡Hay esperanza!


Pero, ¿qué mientras tanto?

Las mujeres fueron temprano esa mañana de domingo, para perfumar el cuerpo de un cadáver, en la tumba (que es donde debía estar). Era su forma de manifestar su cariño y respeto hacia alguien que ya nada más podía hacer por ellas. 

La sorpresa fue mayúscula cuando un mensajero, les dice que no están buscando bien. Él Señor no está allí. Él está vivo.


En ocasiones buscamos en el lugar equivocado. Tras el lamento, y el dolor (viernes); en el silencio y la espera (sábado), nuestros afligidos corazones pueden buscar consuelo en el lugar aparentemente correcto, pero que al final es una tumba vacía. 

Pascua de resurrección nos recuerda, y nos anima, él no está allí. Hoy en pleno 2021, cada uno de nosotros puede encontrarse con el Cristo resucitado. 

Y el día en que lo hacemos, nuestra vida nunca más vuelve a ser la misma.


¡Feliz pascua de resurrección! ¡Que resucite tu alegría! ¡Que vuelva a vivir tu esperanza! ¡Que te llenes de perdón! ¡Que ya no sueñes con la muerte! ¡Que la vida fluya por tus poros! ¡Que la alegría se te haga contagiosa! ¡Que tu miedo se transforme en confianza! ¡Que la celebración sea constante, y dirija tu vida! ¡Que el agua y el pan de vida te sacien tan profundamente, que ya no busques más entre las tumbas vacías! 

¡Feliz pascua de resurrección!

sábado, abril 19, 2025

SÁBADO SANTO: EL SILENCIO Y LA ESPERA


ES SÁBADO SANTO. Del lamento pasamos al desconcierto.

 

Desde una perspectiva humana, Dios está en silencio. Los creyentes de hoy podemos conectar con el sentimiento de los seguidores del primer siglo.

 

¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde estás Señor? ¿Es que acaso es verdad que vas a volver?

 

¿Donde estás Señor, en medio de esta pandemia, la maldad y las injusticias de este mundo? ¿Donde estás en medio de tanto sufrimiento?

¿Por qué no haces algo, Señor?

¿Es que no te importa que nos muramos?

¿Si quiera acaso puedes escucharnos?

O acaso, ¿es verdad que no nos amas, que no eres bueno o que no tienes poder? 

¿Será que existes si quiera?

 

La espera. Podemos conectar con la espera. 

 

Pero Dios no está en silencio. Dios ha hablado antes, y nos habla en medio de la prueba. Es en medio de ella que nos aferramos a sus palabras, y de la espera se incuba la esperanza. 

 

sábado santo. shabbat de esperanza. 


viernes, abril 18, 2025

VIERNES SANTO: EL LAMENTO Y EL DOLOR

El año 2021 escribí esta serie de  reflexiones de Semana Santa en Facebook. La escribí con el alma, y cada año me vuelve a mover, cada vez que la leo. Quise dejarla aqui para poder volver a ella nuevamente durante el año, y también para compartirla con quien quiera verla. 

ES VIERNES SANTO. Los cristianos conmemoramos la dolorosa muerte de Jesucristo en la cruz. Es un buen día para reflexionar, y también para lamentar.

Pero no se confunda; los creyentes no lloramos al Cristo crucificado. Antes bien, es un buen día para lamentarnos por la razón por la que Jesús cuelga allí.

Nos lamentamos por la injusticia y la corrupción.
Lloramos por el dolor que acarrea la Pandemia, y la ola de muerte de cientos de miles en todo el mundo.
Nos estremecemos por la guerra y el hambre, por las niñas y niños violentados y abandonados, en forma física o espiritual.
Hacemos duelo por la opresión del indefenso, por la discriminación, por quienes arrebatan la imagen divina de cada persona.
Nos dolemos por las mujeres asesinadas por quienes decían amarlas.
Nos duele el engaño y las mentiras.
Nos dolemos por quienes se le arrebatan sus bienes, sus tierras, sus raíces.
Nos consterna el terrorismo, la venganza y el odio.
Nos duele la extinción de las especies, cada una un testimonio del Creador, que jamás volveremos a escuchar.
Nos desgarra la deforestación, la destrucción de los ecosistemas, el desprecio hacia un mundo que no podemos reemplazar.
Nos duele la muerte, de quienes hemos querido y han partido.
Y la lista continúa, perpetua.
Pero no nos dolemos como testigos inmaculados, en un mundo perverso y caído. No, muy por el contrario, miramos a nuestro corazón, y vemos con tristeza profunda, que cada uno de nosotros contribuye a este océano de maldad, con un arroyo de corrupción que fluye incansablemente.
Es por esto, que él cuelga allí en la Cruz.


No, amigo/a, no nos dolemos por él, no hacemos duelo por él. Hoy hacemos duelo por nosotros. Soy yo, eres tú, quienes deberíamos estar allí.

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