"UN GRAN SILENCIO REINABA en la montaña, y Ransom también había caído ante la pareja humana. Cuando apartó los ojos de esos cuatro pies benditos, habló involuntariamente, con la voz quebrada y los ojos empañados.
- No os alejeís, no me levantéis - dijo - Nunca antes vi un hombre ni una mujer. He vivido toda mi vida entre sombras e imágenes rotas. Oh mi padre y mi madre, mi señor y mi señora, no os movais, no me respondáis aún. Jamás vi a mi padre ni mi madre. Tomadme por vuestro hijo. En mi mundo hemos estado solos mucho tiempo.
Los ojos de la reina lo miraron con amor y reconocimiento, pero no era la reina quien más lo maravillaba. Era dificil pensar en otra cosa que el rey, ¿Y cómo puedo yo - que no lo he visto - describirlo para los demás? Aún a Ransom le costaba hablarme de la cara del rey. Pero no nos atrevemos a retener la verdad. Era ese rostro que ningún hombre puede decir que desconoce. Uno podría preguntarse cómo era posible mirarlo sin cometer idolatría, sin confundirlo con aquello a cuya semejanza estaba hecho. Pero la semejanza era infinita, así que era casi sorprendente no verle marcas en la frente, ni llagas en las manos y los pies. Pero no había peligro de equivocarse, ni un instante de confusión, ni el menor intento de la voluntad de incurrir en una reverencia prohibida. Donde mayor era la semejanza, menos posible era el error. Tal vez siempre es así."
C.S.Lewis, Perelandra.
EL SER IMAGEN de Dios, es un concepto que ha rondado mi cabeza fuertemente en el último tiempo, en especial desde que leí este trozo del libro Perelandra de C.S. Lewis. En esta historia, el protagonista es testigo de la creación de un nuevo mundo, en el planeta Venus. Esta escena corresponde al momento en que se encuentra con los nuevos "Adán y Eva" de ese debutante mundo.
Me pregunté a mi mismo, ¿cómo habrá sido conocer a Adán antes de la caída, cuando la imagen de Dios estaba inalterada en el ser humano?. La verdad es que pensandolo bien, mi reacción hubiese sido tal como la de Ransom. ¡Que increible debió haber sido presenciar la obra sublime de la creación de Jehová, integra, sin mancha!... Ver al creador plasmado en su obra. Ver el reflejo mismo de Dios.
Mientras leía el libro, miré por la ventana de la micro en la cual viajaba. ¡Cuántas personas hay en el centro de Santiago a las 18:00 hrs!. Cuantas imágenes rotas... cuantas sombras... Miro hacia adentro y veo... ¡yo mismo soy una imagen rota!
Entonces pensé de nuevo: ¡Dios mío! ¡Nunca he visto un hombre de verdad!. Solamente intentos de personas que buscan reconciliación. (Si hubieran estado en mi mente, hubieran sentido la desolación y tristeza que este pensamiento provocó en mi).
Pese a esto, no toda la imagen de Dios está perdida en cada ser humano. No, claro que no. Aún somos los amados de Dios. Aún estamos hechos a imagen y semejanza de Jehová, varón y hembra. La imagen ya no es perfecta, pero todavía es posible que Dios mismo nos ame (y de hecho lo hace). No solo eso... nosotros mismos aún podemos amar al prójimo.
Wow... pensé en ese momento. Por un leve instante sentí como que el misterio del amor de Dios me fuera revelado y de golpe. Por un segundo entendí (de veras) el hecho del valor y dignidad humana que radica en estar hechos a imagen de Dios. Todos... cristianos y no cristianos... cada ser humano de este mundo vale por si mismo pues refleja a Dios. Y que desafío como cristianos... pues si amamos a Dios, ¿Cómo podemos estar indiferentes ante las imágenes rotas?.
Si... lo se... no pretendo estar, con estos pensamientos, descubriendo la rueda... pero en un momento me pareció tener todo claro en relación a este tema.
Y mi reflexión continuó aún más allá.
Adán fue la primera imágen de Dios. Si, me imagino que al verlo a él, como describe Lewis, que dificil deberia ser para un pecador como yo no adorarlo por aquel con el cual guarda semejanza. Pero Adán (y Eva) cayó, y ya no produce (a primeras) esa atracción sublime. Pero Dios se hizo una "nueva imágen".
"El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" Jn 14:9. Jesucristo, no solo es la imagen de Dios. Es Dios mismo... ¡Que increible!. Él vino a redimirnos. Siempre he tenido tan claro esto (desde que me convertí, claro), pero ahora cobra una vez más un nuevo significado para mí. Jesucristo... el único hombre verdadero que ha pisado el mundo desde Adán. Por eso ejerce una fuerza tan misteriosa sobre todos... atracción o rechazo, mas nunca indiferencia. Él se comportó como hombre. Fue un verdadero hombre. Un ejemplo. Sin dejar de ser Dios, mas 100% hombre nos mostró que el ser humanos no es una limitante para cumplir nuestra parte del (antiguo) pacto. El único hombre, murió por todos los otros medios hombres (si es que) de este mundo. ¡¡¿Por qué?!! Simplemente porque ese poquito de imagen de Dios... o si se quiere ver de otro modo... toda esa imágen de Dios que siempre ha estado en nosotros valió la pena.

Con esto no digo que Dios haya estado obligado a hacerlo... no se entienda así por favor, pues fue por Gracia, pero si para mi cobra importancia a la hora de amar a nuestro projimo. Debo amar a los otros seres humanos porque son tan valiosos que el mismo Dios ha elegido amarlos.
¿Cómo puedo estar indiferente entonces, si él mismo Hombre dijo que cuanto hiciésemos a uno de estos hermanos más pequeños lo hicimos a Él?. (Mt 25:40)
Sigo reflexionando en relación a este simple hecho de estar hechos a imagen de Dios. Veo que no es un simple detallito bíblico, sino es parte de la más profunda raíz de la humanidad.