Hoy he estado pensando en las personas que se encontraron con Jesús, y que fueron restauradas por él, ya sea en lo fisico, emocional, espiritual, o como sea. Pensaba que en la Biblia la mayor parte de las veces se nos muestra a Cristo en formas distintas dando una segunda oportunidad a estas personas de vivir una vida mejor (o quizás en términos más reformados, una primera oportunidad de vivir de verdad). Y es maravilloso.
Pero también pensaba... ¿qué pasaría con ellos después? ¿Será que la "mujer adúltera", volvió a adulterar? ¿Será que Nicodemo volvió a comportarse farisaicamente? ¿Será que los niños bendecidos volvieron a ser rechazados?. Y pensaba qué maravilloso cómo Jesús marca un hito en la vida de ellos, y la marcó en mí. Pero qué pasa cuando vivimos un paso hacia atrás? ¿Hay una nueva oportunidad, después de haber sido restaurado por Jesús? ¿Hay esperanza cuando uno ya usó el último cartucho de esperanza, el que se pensaba era el definitivo?
Confieso que me hubiera encantado en la Biblia ver la historia de un hombre o una mujer, que haya sido sanado o sanada dos veces por Jesús... o ver si luego de un tropiezo en la fe, volvía a levantarse. Quizás eso sería muy esperanzador cuando uno se da cuenta que la lucha no termina cuando uno dice ¡soy cristiano! Que la lucha no termina cuando uno se deja caer en los brazos de Jesús. Que hermoso sería ver en las escrituras una historia de Jesús entregando una tercera oportunidad.
Pero...
...espera...
quizás si la hay...
Y entonces acude a mi mente, como una explosión de adrenalina,
y la historia cobra tanto sentido... Y veo que es Pedro.
Pedro, bendito Pedro, que nos representas junto a Maestro. Su historia es la nuestra, como hijos (torpes a veces), que atinamos y fallamos. Aquí vemos la misericordia, el amor y el cuidado de Jesús, al brindar no sólo una primera o segunda oportunidad. Su corazón está dispuesto a dar una tercera, una cuarta, una quinta y todas las que sean necesarias. Nos sana una y otra vez. Nos vuelve a enseñar la lección. Nos guía por los mismos pasos cuantas veces sea necesario. Nos recoje si caemos. Nos anima. Nos re-conforta. Y aún cuando pensamos, que no estamos preparados. Que la lección la fallamos. Que re-probamos. Aún cuando lo pensamos... está dispuesto a jugársela por nosotros. Y por su propia vida fue capaz... de darnos la preciada TERCERA oportunidad.
Gracias Dios. Hoy necesito una tercera oportunidad.