
LOS ESTAFILOCOCOS SON PEQUEÑAS BACTERIAS REDONDAS que se describen agrupadas en forma de “racimos”. Su nombre proviene de esta característica: del griego staphule (racimo) y kokkus (semilla, grano). El género fue descrito por primera vez por el cirujano escocés Alexander Orgston en 1882, quien desarrollaba su profesión en una época muy distinta a la actual, en que la antisépsis era un concepto novedoso y ajeno a la práctica habitual. Él fue discípulo de otro gran científico, Joseph Lister (1827-1912), de quién aprendió el valor de controlar las poblaciones microbianas ambientales en la cirugía. Gracias a esto, Orgston cuestionó la creencia popular hasta ese momento de que las heridas postquirúrgicas debían pasar por una fase inflamatoria y supurativa para curar definitivamente. Lister pensaba que el aire era la fuente de la putrefacción que finalmente conducía a la muerte a los pacientes. Orgston en cambio estaba convencido que había una única causa microbiana para este fenómeno. Para demostrar esto tomó el contenido de un absceso de un paciente y lo observó al microscopio. Allí encontró, junto a detritus celular al causante de todo el mal, un pequeño microorganismo al que llamó “micrococcus”. Inyectó el microorganismo a un cobayo y ¡eureka! Se formó un nuevo absceso. Para diferenciar a este micrococo de otro descrito recientemente cuyas unidades se disponían en cadenas, por Billroth (1874), al que se llamó Streptococcus (de estrepto: cadena), fue que lo bautizó con el nombre que hoy todos reconocemos. Hoy en día la especie más conocida de estafilococo es S. aureus (Rosenbach, 1884), que es la especie tipo del género y que debe su nombre al endopigmento dorado (aureus: oro), y que es uno de los principales patógenos del ser humano y de los animales, asociándose a infecciones de piel y partes blandas y también a intoxicaciones alimentarias, especialmente en productos lácteos y alimentos preparados.
