CUANDO ERA NIÑO, CON MIS AMIGOS Y PRIMOS nos encantaba jugar a las escondidas, como es usual en todos los niños del mundo. Un día, sin embargo, me di cuenta al ir a jugar con mis primos del sur, que ellos tenían una versión del juego que era un tanto diferente a la que yo conocía.
El juego en sí era el mismo: un niño contra una pared, cierra los ojos y cuenta de 1 al 10 o de 10 en 10 del 10 al 100, o del 1 al 20... etc; mientras los otros niños corren a esconderse. El que busca debe llegar a la pared en que contó antes que los niños escondidos, y gritar "1, 2 ,3 por fulanito", o de lo contrario el niño que estaba escondido quedará libre. En el caso que todos los niños queden libres, y digan "1, 2, 3 por mí", el niño que originalmente estaba buscando, deberá 'volver a contar', es decir en la nueva ronda, ser nuevamente el que busca a sus compañeros.
Yo conocía la versión del juego en que la primera persona en ser pillada, era el que la contaba de nuevo. De esta manera cada uno de los jugadores, deberían ser muy astutos y prolijos a la hora de esconderse, y sobretodo muy ágiles al momento de correr a librarse a la pared. Sin embargo, mis primos del sur conocían otra versión, en que el último jugador en ser capturado, es el que la cuenta a la siguiente ronda.
Obviamente nos costó ponernos de acuerdo con que versión del juego jugar, porque si bien el juego es escencialmente el mismo, se darán cuenta mis queridos lectores, que son incompatibles. No puede haber 'dos que la cuenten', osea, o era el primero o era el último.
Nos enfrascamos entonces en una discusión apologética entonces de cuál era la mejor versión del juego.
Ellos alegaban:
- Si el primero en ser pillado la cuenta, entonces, el juego es muy fome para el resto de los jugadores, ya que si se sabe que uno es pillado, entonces el resto ya sabe que no la cuentan, así que el segundo, tercero y cuarto jugador, se dejarían atrapar.
Yo alegaba:
- Si es el último quien la cuenta, entonces el juego es muy fome, porque si alguno no quiere contarla nunca, lo único que debe hacer es dejarse atrapar de los primeros, osea podria esconderse en lugares absurdamente fáciles, y no dejaría oportunidad para ser él quien la cuenta.
En fin, estuvimos largamente discutiendo el asunto... lo recuerdo... pero para mi hubo un momento clave, que yo creo que fue la primera vez en mi vida que me di cuenta de esto.
¡Pude por un momento pensar desde el punto de vista del otro!... y pude ver que su argumento también era válido desde allá.
Quizas hoy suene muy tonta esta reflexión, pero me acuerdo de esta discusión apologética, como el día en que en una forma metafísica tal vez pude ponerme de ambas partes de la discusión, y encontrar la razón en ambos puntos de vista, y catalogarlos como válidos.
Yo creo que eso me marcó. Hoy en día hay tanto de ese primitivo ejercicio que pongo en práctica día a día. En temas como fe y ciencia, filosofía, doctrinas, política, inclusive en mis discusiones con mi esposa. ¡increible!.
Como diría mi amigo Cristobal "Tuto"... yo creo que esa experiencia me sirvió para dar "plasticidad a mi mente".
