AUNQUE HACE TIEMPO NO PUEDO SOÑAR (NI DESPIERTO NI DURMIENDO), ANOCHE TUVE UN SUEÑO. Fue muy realístico, y lo resumiré brevemente.
Estabamos a punto de comenzar un nuevo campamento de servicio. Lo curioso es que era en Quino, pero Quino no era Quino. Estabamos felices porque estabamos inaugurando una nueva cabaña. Esta cabaña era más bien parecida a un pequeño lujoso hotel rústico que a la verdadera cabaña de Río Quino. La cabaña se encontraba ubicada en medio de un amplio campo de varias hectáreas. No tenia, por supuesto, nada sembrado. Lo curioso es que a ambos lados del campo, corrían dos grandes cadenas montañosas. En mi sueño, una de ellas era la cordillera de los Andes y la otra la cordillera de la costa. Pero, a diferencia de las originales, en mi sueño estas estaban mucho más cerca. En fin, nuestro querido recinto estaba en un valle sumergido en una especie de 'cajón' como lo es el Cajón del Maipo.
Pero todo era muy lindo. Olor a sur de Chile, vegetación en los montes (asi como en Neltume), y hectáreas y hectáreas de campo cubierto con una suave vegetación.
Y en medio nuestra cabaña. La cabaña tenía el salón principal al centro, rodeado de una especie de patio y aún por fuera de este patio las habitaciones que correspondían a los dormitorios y otras salas de talleres. El único lugar donde el salón principal se comunicaba con el exterior era por la cara que daba hacia la Cordillera de los Andes. En este lugar había un amplio ventanal, pero no recto hacia el suelo, sino como en diagonal. Entonces las montañas se veían aún más majestuosas. Del otro lado, es decir del lado de la cordillera de la costa, estaba la entrada principal al recinto, que tenía una breve escalera que llegaba hasta el nivel del suelo.
Recuerdo que (para variar) estaba yo a cargo de este campamento (que era de servicio). El pueblo más cercano estaba como a una hora de viaje, entre recovecos y vueltas tortuosas de la carretera entre cerros y quebradas.
Se supone que estabamos en la primera noche en el lugar, y estabamos todos en un ambiente festivo de inauguración del nuevo recinto.
No había oscurecido del todo aún, y yo me fui a mirar por uno de los ventanales del pasillo que comunicaba el patio con los dormitorios. Mientras tanto habia empezado un culto de acción de gracias. Habia unas personas sentadas en el patio interior, recuerdo. Derepente la gente adentro del salón principal empezaba a cantar, y todo empezaba a retumbar. Me acuerdo haber pensado: "Guau, parece que los cerros se van a caer".
Entonces me asusté, y corrí donde estaban los que estaban en el patio, y les grité que se entraran, Que estaba peligroso. Y al principio no me hicieron caso, pero luego vieron hacia la cordillera de los Andes (que se veía mucho más cerca que antes) y habia piedras que se estaban cayendo.
Los de adentro seguian cantando... entonces decidí entrar a pedirles que se callaran, advirtiendoles del peligro. Pero ya era muy tarde. Salí fuera del recinto, como yendo lo más lejos que podía de la cordillera, y pude ver que ya el cerro se estaba cayendo practicamente por completo. Todos salieron despavoridos de la cabaña, y empezó una especie de lluvia de rocas. No era como si simplemente hubiese un derrumbe o un aluvión, sino que era literalmente que las piedras caían del cielo y en todas partes. Y eran piedras gigantescas. Algunas eran de tres o cuatro metros de alto. Lo bueno es que caían lentas y uno podia esquivarlas.
Una cayó encima de la cabaña y la partió en dos. Toda la gente gritaba y corría, y ya se habia puesto oscuro. Me acuerdo que el campo se llenó de cráteres. Y todos andabamos con linternas.
Lo malo es que como la gente gritaba, la otra cordillera, la de la costa, empezó a retumbar también.
Les pedí a todos que se callaran, y que simplemente esquivásemos las piedras un rato. Obviamente fue un caos.
Derepente todo cesó. Gente se puso a orar, y otros a llorar. Los conté a todos y casi todos estaban bien.
Pero no todos. Un niño nuevo que iba por primera vez, se habia muerto simplemente. Y Jaime P. estaba todo fracturado, aunque consciente. Tenia fracturadas las dos piernas y los dos brazos y uno de ellos estaba entero morado. Y el otro era (aunque no lo crean) Christian B. que se habia fracturado una pierna.
Llamé a la ambulancia, pero me dijeron que tenia que esperar hasta el otro día porque les daba lata ir de noche.
Algunos opinaban que esto era oposición del Diablo porque lo que ibamos a hacer en ese campamento de servicio era trasendental. Otros decían que mejor suspendieramos todo y nos fueramos para la casa. Y Jaime lloraba porque decía que nadie le importaba él y que nadie habia llamado ni siquera a la ambulancia.
Cuando conseguí un auto para llevar a los heridos al hospital, se empezó a caer la otra cordillera. Otra vez empezó el decatombe, y las piedras gigantes caían por todos lados. El griterío se armó de nuevo, y ahora era peor porque en el intertanto algunos había prendido unas antorchas y ahora el fuego se estaba desbordando.
¿y ahora que hacemos?
esa fue la pregunta que tenia en mi mente, cuando me di cuenta que en realidad estaba en la cama.